El día que lo llevé al optómetra se puso a llorar porque tenía que usar lentes. Una empleada le dijo:
"los niños no lloran"
Y el furioso le respondió
"entonces seré una niña porque yo quiero llorar"
Cuando salimos le dije que podía ser niño y llorar y me dice
"abuelita me das permiso para llorar?" A lo cual le respondí
"Si, algunas veces hasta te podré acompañar y lloramos juntos"

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